ARGENTINA: DÓNDE ESTÁBAMOS HACE 360 DÍAS, DÓNDE ESTAMOS Y DÓNDE ESTAREMOS DENTRO DE 360 DÍAS
El rumbo que el gobierno central ha trazado para Argentina en materia económica y fiscal es, sin lugar a duda, sólido y se está implementando de manera efectiva. La situación que encontró esta administración al tomar el mando era sumamente delicada, enfrentando una economía con un déficit fiscal desbordado, un Banco Central en condiciones comprometidas y un entorno de inversiones condicionado por la desconfianza y las restricciones de acceso al mercado cambiario. Sin embargo, a pesar de estos retos, los primeros logros han sido claros y contundentes, evidenciando que la dirección elegida es la adecuada y que la transformación profunda que requiere el país está en marcha.
El superávit fiscal es uno de los mayores logros de este gobierno, alcanzado en un tiempo récord. No solo ha servido para estabilizar el gasto público, sino que también ha comenzado a sentar una base de credibilidad en el manejo de las cuentas públicas, lo cual es crucial para construir un entorno de confianza. La política de control en la emisión monetaria, en lugar de apostar por ajustes abruptos de tasas de interés, ha sido un acierto que demostró ser eficiente en la contención de la inflación sin recurrir a medidas extremas. Esta decisión, aunque contraria a las recomendaciones convencionales, muestra una solvencia técnica en la estrategia que respalda los resultados alcanzados.
La confianza en la política económica se ha reflejado también en la visión a futuro que plantea el gobierno para los próximos meses. Las reformas no solo buscan la estabilidad macroeconómica, sino que además están diseñadas para atacar uno de los problemas estructurales más profundos de la economía argentina: la excesiva carga burocrática y fiscal que ha sofocado a las empresas y ahuyentado la inversión. Estas trabas burocráticas, que durante años limitaron la productividad y elevaron los costos operativos, están siendo desmanteladas progresivamente. Con cada avance en este sentido, el país se convierte en un destino más atractivo para la inversión extranjera y permite a las empresas locales operar en condiciones mucho más competitivas.
El plan fiscal, además de eficiente, es adecuado en su ejecución, pues se enfoca en la reducción gradual de los impuestos distorsivos que han frenado el crecimiento durante tanto tiempo. La reducción de impuestos como las retenciones, el impuesto al cheque y otros gravámenes tiene el potencial de liberar el crecimiento empresarial, no solo de las grandes corporaciones, sino también de las pequeñas y medianas empresas. Estas últimas son las que más sufren la carga fiscal y la burocracia y la eliminación de estas trabas les permitirá destinar mayores recursos a la innovación, la expansión y la contratación de talento humano. Sin embargo, para que este esfuerzo sea efectivo, también es necesario que las provincias asuman un rol activo en la recuperación económica. Deberían fomentar la inversión y la generación de empleo mediante la reducción de impuestos como el Impuesto sobre los Ingresos Brutos, uno de los más distorsivos y perjudiciales para la actividad empresarial y que impacta directamente sobre la facturación sin tener en cuenta la rentabilidad de las empresas. Este impuesto afecta particularmente a las pequeñas y medianas empresas, limitando su capacidad de inversión y crecimiento. La eliminación o reducción progresiva de estos gravámenes a nivel provincial sería un complemento esencial para las medidas implementadas por el gobierno central, permitiendo un desarrollo económico más equilibrado y sostenible.
Por supuesto, hay aspectos mejorables y el propio ministro Caputo ha sido claro en admitir que las reformas, aunque bien encaminadas, necesitan ajustes y una supervisión constante para adaptarse a las condiciones cambiantes de la economía global. Sin embargo, el hecho de que se esté avanzando en un camino de reformas tan amplio y sólido marca una diferencia significativa respecto a gobiernos anteriores que, en muchas ocasiones, prometieron cambios estructurales que nunca llegaron a consolidarse. Esta vez, la reforma se siente tangible y los resultados están empezando a notarse tanto en la macroeconomía como en los efectos palpables sobre las empresas y el mercado laboral.
La recuperación del consumo y el incremento en el poder adquisitivo son ejemplos de que esta transformación está alcanzando a la economía real. Con los salarios recuperando terreno y los precios controlados en un marco de baja inflación, el consumidor argentino se encuentra en mejores condiciones para consumir y reinvertir en el mercado local. Este aumento en la capacidad de compra de los consumidores estimula la demanda de productos y servicios, generando un efecto de crecimiento que beneficia a toda la cadena de producción y distribución.
Si se mantiene esta trayectoria es posible esperar una expansión significativa en el empleo y una reducción en la informalidad, lo cual sería un cambio estructural relevante. Con un mercado laboral más formalizado, la economía no solo se beneficiará de una mayor recaudación, sino también de una población con ingresos estables y previsibles, que puede planificar y consumir de manera consistente. Este efecto, a su vez, contribuye a reducir la volatilidad que ha caracterizado a la economía argentina en el pasado, permitiendo un crecimiento mucho más sostenido y menos vulnerable a los shocks externos.
La eliminación del cepo cambiario, prevista de forma prudente para el próximo año, también será un punto de inflexión. Esta decisión no se tomará hasta que las condiciones lo permitan, asegurando que el levantamiento del cepo no genere efectos adversos. Cuando llegue el momento adecuado, la salida del cepo brindará una mayor flexibilidad al mercado cambiario y reducirá las distorsiones que actualmente enfrentan los importadores y exportadores. La apertura gradual del tipo de cambio permitirá a las empresas competir en igualdad de condiciones en el mercado global, fortaleciendo su competitividad sin depender de la depreciación de la moneda como una medida de ajuste.
Además, esta política de estabilidad y crecimiento continuo tiene un impacto directo en la percepción internacional del país como destino de inversión. Argentina, al demostrar que es capaz de implementar una política fiscal responsable y de controlar su inflación, se posiciona como un país en transformación, con un mercado atractivo y en crecimiento. La estabilidad económica y la reducción de la carga fiscal representan señales positivas para los inversionistas, que buscan un entorno de certeza para sus capitales. Atraer esta inversión extranjera será un elemento clave para dar un nuevo impulso al desarrollo económico del país.
Este proceso de transformación exige paciencia y compromiso, pero los avances alcanzados hasta ahora confirman que el gobierno está encaminado hacia un cambio estructural que permitirá a Argentina, no solo crecer en el corto plazo, sino también cimentar una economía más fuerte y competitiva en el largo plazo. La estabilidad y confianza que se han comenzado a construir son activos intangibles de enorme valor y son los que pueden permitir que el país finalmente rompa el ciclo de volatilidad y dé el paso definitivo hacia el desarrollo económico y social que durante décadas ha buscado alcanzar.
Alexis Hancevich, CEO Founder BQRC
